lunes, 18 de febrero de 2013

La hija pródiga de Eva Perón parte III

Es increíble la manera en que te puedes encariñar con alguien en tan poco tiempo. Haces química, dicen algunos, y yo me sentí bien pinchi triste al saber que ya se iba.

Bueno, así era, se iba, por las razones que fueran. Y se le notaba triste. En los pocos meses que estuvo en México se llegó a enamorar de nuestro país y decía que iba a ser una mexicana en Argentina, extranjera en su propio país. Allá siempre fue solitaria, con pocos amigos a pesar de que fácilmente saca una conversación y aquí encontró a los mejores. Pero había que preparar su partida y la llevamos a que comprara cosas con el dinero que le sobraba y que ya no ocuparía en pagar renta. Todo hombre que se precie sabe que salir de compras con una mujer es un deporte de resistencia y aunque K es de decisiones rápidas al final del día yo estaba ya cansado. Las llevé a su casa pero no quiso que me fuera.-Dejame que entre y deje todo esto y salgo a platicar y vamos por unos caracoles al bosque-. Está bien, me convenció muy fácil, para ese momento no le podía decir que no. Después de eso quedamos en vernos al otro día y llevarla a comer y a tomar algo, para festejar su pronto regreso y no su partida.

Comimos y tomamos algunas cervecitas. Por cierto, hace mucho que no iba al circuito de bares de la heróica UAM-X. Puts, cómo florecieron barecillos en la plazoleta de Calzada del Hueso. Antes había dos lugares para echar la chela y ahora hay cinco. Le presentamos las micheladas que parece que le gustaron. Nos corrieron porque ya cerraban pero realmente no queríamos irnos. Las llevé a su casa pero nos quedamos en el bosquecito un rato. Hacía frío pero nos gustaba caminar de noche por esos rumbos. Había descubierto al alguien con esos hábitos nocturnos. -Qué bonita es-, pensaba mientras la veía tirada de cabeza en una banca porque ya andaba un poco borracha, pero al otro día se iba y seguro se reconciliaría con su novio y yo me iba a quedar aquí como idiota. No te enamores, pero pinchi hamster del amor que me tenía planeada otra cosa.

Así sin mas me abrazó, muy fuerte. Puso su cabeza en mi pecho y ahí se quedó. Mi corazón latía rápido, ella suspiraba. Nos quedamos solos y le dije que realmente la quería mucho. Me dijo que ella también y volteó a verme. Sus ojos me parecieron lo mas hermoso que había visto en mi vida cuando al mismo tiempo sentía que en ese momento tomaba mi corazón y se lo robaba, cerró los ojos y me besó muy tiernamente. Luego empezó a llorar. ¡Qué pedo! ¿Tan feo beso? Le pregunté si todo estaba bien y me dijo que no. Sentía que había hecho mal las cosas en México y por eso se tenía que regresar y no quería, tenía a su novio en Argentina, al cual amaba, pero ahora sentía algo por mi y no me quería dejar pero ya sentía culpa por haberme demostrado sus sentimientos y luego dejarme, no quería que amaneciera y que fuera otro día, quería solamente quedarse abrazada a mi, que no importara el tiempo, solo ese momento, porque sabía que después solo sería un recuerdo. Le dije que yo prefería mil veces haberla conocido, besado y sufrir su partida a que nunca hubiera sucedido. Que se fuera tranquila que yo también lo estaba aunque era una gran mentira. Nuestra amiga P fué por nosotros al bosquecito porque era realmente tarde y el frío era muy cabrón. K no se quería soltar de mi aunque P la jalaba con fuerza. Nos fuimos abrazados a la puerta de su casa y la dejé ahí. Sentí que me arrebataban una parte de mi. Cuando caminaba hacia mi auto la cabeza me daba vueltas, el corazón se me salía del pecho y no sabía por qué. JA! Idiota, ya había valido madre. A media calle maldije en voz alta, ¡Pinchi vida, no me la pongas tan difícil! Me tenía que enamorar de una persona que al otro día se iba al otro lado del pinchi mundo.

En el aeropuerto nos hicimos promesas, de esas que no sabes de dónde salen. Hice mi mayor esfuerzo para no llorar y que se fuera feliz, tranquila, a los brazos de su novio.

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